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  • ENSEÑAME Y GUIAME

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      Guíame en tu verdad y enséñame.   

    Pero cuando El, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y os hará saber lo que habrá de venir.

    Pero vosotros tenéis unción del Santo, y todos vosotros lo sabéis

    ¡A la ley y al testimonio! Si no hablan conforme a esta palabra, es porque no hay luz en ellos.

    Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra.

    las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden dar la sabiduría que lleva a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús.

    La lámpara del cuerpo es el ojo; por eso, si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará lleno de luz.

     Si alguien quiere hacer su voluntad, sabrá si mi enseñanza es de Dios o si hablo de mí mismo.

     Allí habrá una calzada, un camino, y será llamado Camino de Santidad;   el inmundo no transitará por él,  sino que será para el que ande en ese camino; los necios no vagarán por él .

     

    Sal. 25:5   Jn. 16:13   I Jn. 2:20   Is. 8:20   II Ti. 3:16, 17, 15   Sal.32:8   Mt. 6:22   Jn. 7:17   Is. 35:8

  • GUIAME, O DIOS

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    Señor, enséñame tu camino.

    Yo te haré saber y te enseñaré el camino en que debes andar; te aconsejaré con mis ojos puestos en ti.

    Bueno y recto es el Señor;  por tanto, El muestra a los pecadores el camino.

    Dirige a los humildes en la justicia, y enseña a los humildes su camino.

    Yo soy la puerta; si alguno entra por mí, será salvo; y entrará y saldrá y hallará pasto.

    Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.

    Entonces, hermanos, puesto que tenemos confianza para entrar al Lugar Santísimo por la sangre de Jesús, por un camino nuevo y vivo que El inauguró para nosotros por medio del velo, es decir, su carne, y puesto que tenemos un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, teniendo nuestro corazón purificado de mala conciencia y nuestro cuerpo lavado con agua pura.

    Conozcamos, pues, esforcémonos por conocer al Señor.

    Todas las sendas del Señor son misericordia y verdad para aquellos que guardan su pacto y sus testimonios.

    Sal. 27:11;  32:8;  25:8,9   Jn. 10:9;  14:6   Heb. 10:19-22   Os. 6:3   Sal. 25:10